Hay que destacar lo invisible, aquello que ocurre antes de lo visible. Me ciño al mundo del libro: editorial, escritor y la X que da lugar a que el objeto tan preciado por el autor cobre forma y se cincele su estilo.

Las palabras son necesarias para el escritor, pero, sobre todo, que el conjunto de su escritura se sostenga en una semántica y una gramática que garantice su veracidad, permítanme decirlo de este modo. Veracidad por una cuestión precisa: las palabras son los elementos fundamentales, la semántica es la guía de los decires y la gramática, la estructura donde el acto del escritor ha de constituirse.

La X es la incógnita, la cuestión es si desvelarla o si hacer valer su condición de indescifrable para que dé lugar a otros productos. Espero que con esta entrevista cada uno pueda formarse una respuesta singular y personal.

Hoy entrevisto a Samara Ibarra. Y quién mejor que ella misma para definirse como considere. ¿A qué te dedicas y cuál es tu formación?

Soy Samara y soy filóloga de formación, pero sobre todo por vocación. Me he formado en Escuela Cursiva y en Cálamo & Cran. Trabajo como profesional independiente con diferentes editoriales, aunque también con particulares. Elaboro informes de lectura, traduzco del francés y mi labor se centra en la corrección de estilo y la edición, principalmente.

¿Cómo prefieres que te consideren a nivel profesional?

En el ámbito profesional soy muy rigurosa. Soy muy crítica con mi trabajo, minuciosa y detallista, aunque también soy muy cercana; me gusta implicarme en cada proyecto, poner todas mis herramientas al servicio de los editores, autores y de sus textos, pero también aprender, que en esta profesión se aprende mucho si se sabe estar atenta y abierta.

¿Prefieres estar visible en el proceso de la edición o prefieres continuar en la sombra?

Estoy cómoda en la página de créditos. Mi objetivo profesional no es que se me reconozca a mí o lo que hago. Por una parte, creo que quien tiene que estar visible es quien escribe y, por otra, el reconocimiento o el beneficio de mi trabajo yo lo extraigo de otras partes: cuando un cliente está satisfecho con mi trabajo, cuando los autores consiguen decir todo lo que querían expresar y se sienten completamente representados en sus textos, cuando he aprendido y sacado mucho de un texto mientras lo trabajaba, cuando supero los retos que se me planteaban, cuando la edición queda como se quiso que quedara…

¿A qué niveles es complejo tu trabajo? Me refiero a la relación entre editoriales, autores, el propio texto, tu propia lucha interna ante un trabajo, etc.

Es una profesión muy compleja a muchos niveles. En primer lugar, la mayoría de profesionales de la lengua somos autónomos y nuestra formación es algo que nunca termina; siempre hay que mejorar, avanzar, actualizarse, conviene ampliar aptitudes y conocimientos… Si, además, no tienes contactos o padrinos, la búsqueda de clientes y proyectos es dura: una vez que te sientes segura con lo que tienes y quieres ofrecer tus servicios, hay que llamar a muchas puertas, ser insistente, aceptar todo tipo de encargos y equivocarte mucho… Creo que hacerse un hueco en este sector, brillar de algún modo, diferenciarte y ser de los buenos, es muy difícil.

En muchos casos, no es fácil negociar las tarifas o mantener calientes las relaciones para que te vuelvan a contactar. Esta profesión es una carrera continua que necesita mucha constancia y empeño.  

¿Es un trabajo que depende de la pasión? ¿Es precario o sacrificado?

Es precario, es sacrificado y depende mucho de la pasión. Mira, siempre se habla de la docencia o de la medicina como profesiones vocacionales. Para mí, las letras también lo son, y hablo con conocimiento de causa. He sido profesora durante quince años y lo dejé para dedicarme a esto. Yo era funcionaria interina, tenía estabilidad laboral y económica y lo único que tenía que hacer, el único horizonte que se me planteaba, era seguir ahí, en esa rueda, sin demasiado tiempo para hacer lo que me gusta o para desarrollarme en otros ámbitos. Para mí, la enseñanza no era vocacional, sino todo lo contrario. Y para responder a tu pregunta, sí, me dejé guiar por lo que siempre ha sido mi pasión, sabiendo que, como dices, sería un camino precario y de mucho sacrificio en ocasiones. A pesar de eso, siempre diré que tomé la decisión correcta.

¿Podrías hablarnos un poco de la “necesidad” de formación permanente? Al haber hablado contigo tengo una idea de ello, que es considerable, pero me gustaría que hicieses ver tu experiencia.

Es condición sine qua non para ejercer esta profesión. Las y los profesionales de la lengua tenemos perfiles muy parecidos. Casi todos hemos tenido una formación y una trayectoria similar, y nuestro trabajo diario consiste en lo mismo prácticamente, así que, como te decía antes, se trata de ir completando tu currículum, de ser capaz de desarrollar un montón de herramientas y estrategias que puedas ofrecer a tus clientes, que tus servicios sean cada vez más completos y fiables.  Aquí hay un punto, al menos en mi caso, de búsqueda de la excelencia, o al menos de una calidad significativa.

En mi caso, yo partía de la filología, aunque esto no es garantía de nada; quiero decir, hay excelentes compañeras y compañeros de profesión que no vienen de ahí, o filólogos que no siguen por ese camino. Más tarde, me especialicé en gestión de proyectos editoriales, edición de mesa, informes de lectura y corrección de estilo. En cualquier caso, considero que la formación es muy necesaria para este oficio, pero lo cierto es que donde realmente se aprende es en la práctica, cuando te enfrentas a un proyecto de verdad, a las necesidades de un autor o lo que un editor te propone.

¿Qué es para ti la lectura y la escritura? Contesta como quieras, me refiero, ¿a qué niveles de tu vida, personal y profesional, afecta tu posición frente al trabajo?

Creo que una cosa no puede darse sin la otra. De la misma forma que a hablar se aprende escuchando, a escribir (o a trabajar con lo escrito) se aprende leyendo. Es una especie de relación simbiótica la que opera, una inferencia. Los profesionales de la lengua nos enfrentamos a todo tipo de textos y por eso es tan necesario leer. Leer mucho, de todo, incluso lo que no te gusta o lo que, en principio, te interesa menos. Es en la práctica donde se aprende cómo poner escrito lo que quiere decirse escribiendo, según otros modelos. Otro aspecto muy importante, imprescindible para esta profesión, es tener ojo y espíritu crítico: se trata de dudar de todo, constantemente: de cualquier signo de puntuación, del peso de una palabra concreta, de una construcción determinada, de cómo se presentan y se jerarquizan las ideas, de cómo están construidos los personajes, de qué se ha dicho, cuándo y cómo se ha dicho. Todo esto se consigue leyendo, practicando, trabajando y dudando.

Vayamos a algo más liviano, ¿de dónde eres y de dónde te consideras?

Soy de Extremadura, concretamente de Fuente de Cantos, un pueblo del sur de Badajoz. Me considero extremeña sobre todo y siempre. Llevo diez años en Madrid y me doy cuenta (con alegría y cierto orgullo) de que mi acento se ha mantenido intacto. Uso palabras y expresiones propias de mi tierra, pronuncio como siempre lo he hecho y casi en ningún contexto lo evito o neutralizo mi acento; creo que el habla es una de las señas de identidad más profundas y reales de la gente, y es algo que revindico siempre.

¿Podrías hablarme de los acentos, hay que promoverlos o ir a algo más neutro? ¿A nivel de literatura es complejo encontrarse libros donde hagan valer el acento o los estilos del habla de cada comunidad?

Antes te dije que el habla es una seña de identidad muy poderosa. Creo que se trata de un rasgo cultural muy potente. Yo siempre estaré del lado de la diversidad y de su visibilización. Creo que, como en otros ámbitos, en las letras tendemos a la homogeneización, la de la expresión y de la forma y, a mi manera de entender la literatura y el arte, eso es un atraso, además de una visión sesgada y poco natural: nos estamos perdiendo mucho si no atendemos a la diversidad y a la diferencia lingüística. Además, resulta artificial y forzado pretender que todos los autores y sus personajes se expresen en los mismos términos, con el mismo léxico, en un único registro o con el mismo acento. ¿Te has imaginado alguna vez a Emilia Pardo Bazán con su acento gallego, a Benito Pérez Galdós con acento canario, a Miguel Hernández con acento murciano o a Carolina Coronado con su acento extremeño? ¿Has pensado en cómo hablarían los personajes de Cien años de soledad, los de la familia de Pascual Duarte o los de Los pazos de Ulloa? Por suerte, la mayoría de autoras y autores representan estos rasgos en lo que se escribe, y creo que es lo acertado: ellos tienen un papel muy importante en la transmisión y la construcción social, en la manera en la que los demás elegimos quiénes serán nuestros referentes y cómo se expresarán, en cómo se va a construir lo que, al final, será nuestro sistema de referencias.  

Para continuar, quería saber cómo es un día normal para ti. Como has dicho que es algo pasional y de compromiso, ¿tu vida se encamina y se enfoca hacia eventos relacionados con tu trabajo?

No sé si sería más acertado decir que mi profesión influye a otras facetas de mi vida o si son esas facetas más personales las que influyen en cómo afronto y desempeño mi trabajo. Además del tiempo que ocupa el trabajo en un día normal para mí, que es variable y que depende de la cantidad y de la intensidad del trabajo que esté haciendo en ese momento, el resto del tiempo lo dedico a cosas que de una manera u otra se relacionan con mi oficio. Dedico mucho tiempo a la formación, a leer y nutrirme de profesionales de mi sector, de los que siempre hay tanto que aprender. Pero también, en mi vida privada, trato de estar siempre en contacto con las letras y con cualquier forma de expresión artística. Leo mucho, estoy al tanto de las novedades, asisto a presentaciones, formo parte de un grupo de lectura que me aporta mucho, busco poder intercambiar opiniones con la gente de mi entorno, me gusta saber qué lee la gente que me rodea, qué les interesa, qué tipo de lecturas son las que gustan, de las que la gente habla y qué dicen. Me encanta visitar librerías, fijarme en cómo están hechos los libros como producto final, por qué ideas se apuesta para los diseños de cubierta, cómo se plantea el texto dentro del libro, cómo están redactadas las sinopsis, cómo hablan los editores de sus libros…

¿Dónde empieza para ti el trabajo y empieza el placer por la lectura? Me refiero, lees y corriges por trabajo, ¿cuándo hay lugar para la lectura por placer y por formación? ¿Es difícil encontrar el equilibrio?

Tengo la gran suerte de colaborar en proyectos que son muy placenteros y, en muchas ocasiones, mientras trabajo estoy disfrutando del texto. Pero claro, eso no siempre ocurre y sí, encontrar el equilibrio no siempre es fácil. Trato de leer lo que me gusta a diario, dedicarle tiempo cada día, pero no siempre lo consigo. Por ejemplo, hay textos que necesitan mucha dedicación y concentración, y después de trabajarlos no soy capaz de leer; a veces se siente como una especia de «resaca» que también hay que aprender a gestionar. En mi caso, si durante un tiempo no leo por placer, me siento mal y esto he tenido que aprender a verlo de otra manera. Así que, en esos casos, trato de compensarlo con otras cosas: es cuando releo mis «libros seguros», hablo con gente, como te decía antes, hago actividades más pasivas, o simplemente desconecto, que también es necesario.

¿Es sencillo comprender cómo funciona la industria del libro? ¿Podrías contarnos alguna cosa que nos aporte un poco de luz?

Supongo que como cualquier otro ámbito profesional. El mundo editorial es enorme e implica una maquinaria ingente, así que estar al día de todo no siempre es fácil y, sobre todo, si tenemos en cuenta que por ahí hay gente muy poco conocida que escribe mucho y que escribe muy bien, o editoriales pequeñas e independientes, muy comprometidas con sus proyectos, que publican verdaderas joyas y que no siempre tienen el reconocimiento que tendrían que tener… hay mucho por ahí y muy bueno.

Entrar aquí es apasionante y es adictivo. Vas aprendiendo poco a poco, conociendo a gente, haciendo contactos y desarrollando una sensibilidad que te guía en cierta manera. Como todo en esta profesión, se trata de estar atenta y abierta, de fomentar la capacidad de asombro, la inquietud y el espíritu crítico.

Por cambiar un poco de tercio, ¿qué lecturas te gustan y cuáles podrías recomendar? ¿autora o autor favorito?

Leo de todo, siempre he leído de todo: novela, poesía, teatro, historiografía o ensayo. En mi caso, depende mucho del momento, de qué tipo de texto esté trabajando o de qué estímulos esté rodeada, de qué me esté pasando o de lo que quiera conseguir con la lectura. Además, leo en español y en francés, lo que considero una suerte porque me abre mucho campo. También releo mucho, cuando tengo un periodo de bloqueo, por ejemplo, suelo volver a autores que para mí son clásicos y referentes. Si tomo este año como ejemplo, he vuelto a releer a Louis Aragon, Zola, Diderot, el Marqués de Sade, García Márquez, Emilia Pardo Bazán y el teatro existencialista francés, que me encanta y me encanta siempre.

Pero este año, sobre todo, he leído mujeres. Hay escritoras contemporáneas que son verdaderamente brillantes.Si algo me gusta, me suele gustar mucho y termino leyendo bibliografías enteras.En este sentido, mis favoritas son Mariana Enríquez, Mariana Travacio, Vivian Gornik, Aurora Venturini o Clarice Lispector. Gracias a mi trabajo, he descubierto a Daša Drndić (Belladonna, Automática, 2023) y me ha embrujado por completo. Por otra parte, me gusta mucho leer relatos; siempre me ha interesado la astucia técnica de contar tanto en menos espacio, de desplegar toda la maquinaria narrativa en un formato menor. Leo y releo a Guy de Maupassant y me interesan los cuentos y relatos cortos de autores franceses. Últimamente he leído todos los relatos y el teatro de Ágota Kristof, y mi trabajo también me ha dado la oportunidad de trabajar con los relatos de Ismael Ramos en La parte fácil (Las Afueras, 2023).

¿Harías diferencia entre aquél que escribe y aquél que acompaña al escritor? ¿Por qué?

Toda. Admiro mucho a la gente que es capaz de escribir, me parece una empresa inabarcable. Entiendo que para escribir hay que tener una sensibilidad y una capacidad enormes. También creo que para poner tu texto en manos de alguien para que entre ahí, con su hacha, y te lo toque (y a veces, te lo trastoque) hay que tener mucha generosidad. Por eso, de mi lado, intento ser siempre muy cuidadosa y respetuosa, porque creo que no hay nada tan personal e íntimo como lo que alguien ha escrito. Por mi parte también se necesita una sensibilidad muy grande y algo que percibo muy cercano a la empatía para ponerme en el lugar de quien escribe y ser capaz de ayudarle a sacar todo lo que quiso sacara con su texto. En muchas ocasiones, la expresión escrita no llega al pensamiento de quien quiso escribirlo y es justo ahí donde actúa el editor o el corrector; se trata de encontrar el equilibrio entre lo que es fijo y estático, la norma, y lo que es subjetivo y dinámico, la expresión pura y fiel a lo que quiso decirse.

En definitiva, la persona que escribe es quien crea y el corrector es un medio, un vehículo que aquella necesita en ocasiones para que lo que quiso decir sea precisamente eso.

¿Cómo un texto cuando te llega a las manos?

Hay de todo y depende mucho del tipo de texto que sea o del nivel de intervención que necesite. En algunos casos, solo es cuestión de limpiarlo y de trabajar la ortotipografía. En otros casos, hay que profundizar más, valorar el uso de tiempos verbales, trabajar sobre algunas expresiones o insistir en el significado de las palabras y el lugar que ocupan, con lo que eso conlleva, dentro del texto. En el caso de la edición, la labor se vuelve más compleja y ya hay que trabajar en la construcción de los personajes, en la exposición de las ideas o en la manera en la que se suceden los acontecimientos.

Hay casos en los que no conozco a los autores o que, después de haber trabajado con los textos, no sé qué pasará con ellos, qué recorrido tendrán. En otros, que por suerte son los más frecuentes, hay una relación constante entre mis clientes, el texto y yo; ahí sí tengo la sensación de formar parte de algo, recibir un texto de una determinada manera, ver cómo evoluciona y cómo, después, sigue su camino. Ahí sí hay sensación de evolución, hay diálogo y hay cabida para la duda y la reflexión, para darle su forma a algo, la que quería tener y que, por algún motivo, no encontraba; ahí entramos nosotros y es ahí donde yo disfruto más.  

Cada texto tiene unas necesidades propias, cada proyecto es único y de todos se saca mucho y se aprende más.

Quería hacer un pequeño resumen antes de llegar a la parte final. Creo que tu trabajo de análisis y de acompañamiento de un autor se asemeja a una sesión de psicoanálisis (salvando las distancias). Me explico: acude una persona y trae consigo un texto que se ha ido construyendo a lo largo de años. Y con preguntas, matizaciones, sugerencias de expresiones, correcciones de estilo, etc., la persona va encontrando su forma de decir a aquello que no consigue decir.

Al final tu trabajo da lugar a un objeto que permite al autor mostrarse al mundo y hablar de aquello que ha querido expresar: la historia, los poemas, el ensayo, etc. No quiero pensar cómo sería encontrarse un libro sin esa labor que realizas. ¿Tu trabajo es una labor sobre el decir?

Sin duda. El corrector es la bisagra entre el autor y su texto, un medio de canalización a veces y, como te he dicho antes, es algo que tenemos que acometer de manera muy cuidadosa y empática, pero con rigor y con una sensibilidad (formal y estética) que te permita hacerlo justo como requiere el texto y como necesita el autor.

Creo que ya vamos a ir terminando, si te parece bien, pero antes quería hacerte dos preguntas más.

¿Qué le dirías a las y los escritores?

Que aunque ellas y ellos son los que tienen la voz, el texto siempre necesita ayuda. Que no subestimen el soporte y las herramientas que un profesional de la lengua puede ofrecerles, que se apoyen siempre en ellos. Y, a los nobeles, sobre todo, que un rechazo editorial no determina el porvenir (ni mucho menos la calidad) de lo que escriben.

¿Dónde te gustaría llegar en tu trabajo?

Como te he contado antes, los correctores no siempre trabajamos con los textos que nos gustan, el flujo de trabajo no siempre es constante y hay relaciones laborales que pueden quedarse en una colaboración puntual. Si pienso en mi futuro laboral, me encantaría trabajar solo con literatura y me gustaría traducir mucho del francés. Hay editoriales con las que me encantaría poder colaborar y aspiro a tener relaciones profesionales más duraderas, formar parte de proyectos a largo plazo para poder construir algo.

Para mí ha sido un placer poder hablar contigo y que la gente sepa de esa parte intermedia entre la escritura, la edición y el nacimiento del libro. Sois imprescindibles, aunque estéis en la sombra: bendita sombra.

Por cierto, ¿cómo pueden ponerse en contacto contigo para trabajar contigo?

En mi web, samaraibarra.es, hay una pequeña muestra de mi trabajo y mis datos de contacto.


Iván Navarro

Psicólogo Social, Investigador y Psicoanalista. Socio de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Valencia. Es autor de los poemarios Necesaria subjetividad (2021, Cuadranta) y Porque nadie sabía como llamarte (2023, Ole Libros) Es coordinador de Mínyma.

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