Sandra Bravo Herrero nació en Madrid en 1989. Toda su infancia pasó la mayor parte del tiempo entre libros y dibujos. Comenzó a escribir poesía a los siete u ocho años, dejando esta parte más creativa de lado con 18 años, cuando empezó la Licenciatura en Medicina. Se especializó en Psiquiatría y se formó en Psiquiatría Legal y Terapias psicológicas de Tercera generación.

En 2019 retomó el contacto con su parte creativa, retomando el dibujo, la poesía y la prosa poética, que fueron una suerte de terapia y le ayudaron a sentirse completa de nuevo.

Desde entonces, comparte contenido en redes sociales, mezclando su parte artística con el humor y el trabajo en Instagram (@humor__vitreo) y compartiendo poesía y dibujos (@poemasymenos).

“Antología de todos mis fracasos (y algún éxito despistado)” es su primer libro publicado, que comprende una serie de poemas, metáforas, frases y reflexiones que inicialmente fueron algo parecido a un diario.

LXVII

Te vas y dejas un vacío más grande que el espacio que

 ocupabas en aquella habitación,

dejando mis ojos y mi corazón empapados;

y vacíos de ropa, de esencia y de ti hasta el último cajón.

 Te vas y juzgo injusto que haya siquiera aire

que pueda ocupar tu posición.

Te vas, pero te quiero tanto, que a pesar de irte, estás.


LXXXVII

A veces pienso que he olvidado el mar.

O peor, que el mar me ha olvidado a mi.

Y en medio de ese desconsuelo

por sentirme huérfana y desterrada;

a través de tus ojos el mar me devuelve la mirada,

me abraza y me acaricia la cara.

Y es entonces que me devuelve a la orilla,

donde la sal me cura, la brisa me cuida

y vuelvo a sentirme viva.


CV

Hubo un clic de repente y el mundo se encogió tanto

que no había aire suficiente para llenar los pulmones,

ni espacio para inspirar profundo

 y agarrar la última molécula furtiva de oxígeno.

Algo cambió, sin más, como si hubiesen pulsado un botón

y el aire se hiciese pesado, denso, pegajoso;

 incapaz de transitar por los bronquios.

Fue en un instante que una sola gota de tinta tiñó todo el agua,

tornando oscura su original transparencia,

y haciendo creer que era negro

 lo que en el fondo seguía siendo, en su mayoría, agua.


CXXIII

Habrá días que las dudas me enmarañen el pelo

 y la incertidumbre cargue de interrogantes

mis firmes convicciones.

Habrá momentos que las sombras oculten mis luces,

 que tenga mil y una excusas para tus mil razones,

que no halle perdón para mis tropiezos

y que no pueda reconocer mis aciertos.

Llegará un día en que en lugar de una sonrisa,

brote una lágrima sin motivo.

Y en esos días fríos, sólo te pediré abrigo.


CXCVIII

Me pregunto si las mismas gotas de nostalgia

 que calan esta noche mis recuerdos,

dejándome en vela y desbordando mis ojos,

 gotean también en tu frente,

provocando un eco del pasado en tu presente.

Un eco que llama mi nombre,

que tiene mi antigua mirada cargada de miedo,

 que tiene mi voz, que habla de nada.

Me pregunto si en esta noche casual,

en la que no somos los mismos,

hemos traído al otro a nuestra mente en el mismo instante,

 atropelladamente, provocando que, quizás por última vez,

nos pensemos mutuamente, como lo hacíamos antes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *