Autor invitado: Nilton Santiago

Discreto como solo puede serlo un poeta, Nilton Santiago (peruano afincado en Barcelona), es uno de esos escritores que solo puedes descubrir por casualidad. Bien por que alguien te lo haya recomendado, bien porque hayas encontrado algún poema suyo en alguna web mientras buscabas otra cosa y te has quedado ahí, enredado en su prosa poética.

Poemas en los que el simbolismo se resignifica (una de esas tareas tan imprescindibles y tan complejas para seguir renovando la poesía), narraciones en las que el surrealismo y el cotidianidad pasean agarrados de la mano por la acera derecha de un viernes por la tarde. ¿Es eso poesía? Te preguntarás. Y también: ¿Cómo puede ser que la vida quepa en un poema? Y después de advertir que la vida se derrama por los márgenes te darás cuenta de que se trata de una prosa poética. O algo así. Nunca lo averiguarás.

Algo es seguro, sus textos no te dejan indiferente. Ni a ti como lector ni a los miembros de todos los jurados que le han premiado.

Si ya es complicado ser premiado en un certamen de poesía, que todos tus libros hayan logrado distintos premios es una proeza que dudamos haya sido alcanzada por muchos escritores. Uno de ellos es Nilton Santiago.

Su primer poemario “El equipaje del ángel” se alzó con el XXVII Premio de Poesía Tiflos y fue editado en 2014 por Visor. Ese mismo año recibiría el accesit del Premio Adonais y en 2015 se llevó el XV Premio Casa de América de Poesía Americana con “Las musas se han ido de copas” (Visor 2015). En 2019 la editorial Valparaiso publicó “Historia universal del etcétera” tras ganar el I Premio Intenacional Vicente Huidobro. No fue hasta 2023 cuando ganó el XXI Premio Emilio Alarcos y publicó de nuevo con Visor, Miel para la boca del asno.

En 2024 se proclamó vencedor del XLII Premio Ciutat de Valencia Juan Gil-Albert, que ha supuesto la publicación de Vocación de náufrago (Visor 2025). Un poemario del cual, Nilton Santiago adelanta dos dos de los poemas que lo componen a Irredimibles.

Vocación de náufrago
Nilton Santiago
Visor, 2025
EAN: 9788498956078
Páginas: 104

Premio Juan Gil-Alberto XLII Premios Ciutat de Valencia

DOS POEMAS DE “VOCACIÓN DE NAUFRAGO” de NILTON SANTIAGO

CEBO DE PALABRAS


(Iquitos, 27 de diciembre de 2023)


Los peces callan para saciar su sed,
también el barquero al ver en lo que nos hemos metido.
Aquí, al nacer como pensamientos,
las plantas acuáticas te atrapan.

El motor espanta a las luciérnagas de río
pero es incapaz de liberarnos de un remolino de ideas.

Puede que no sea suficiente hablar con las plantas,
sino que también haga falta escucharlas.

Hemos venido a pescar pirañas,
o al menos es lo que estaba en el programa,
como dejarte leer la suerte por un mono vidente,
o nadar con delfines rosados.

Mientras el balsero intenta liberarnos,
el guía corta pieles de pollo para nuestras cañas de pescar.
Las tiramos al agua,
las pirañas devoran el cebo y escapan.
Es imposible pescar una.

El guía nos quiere distraídos
y no deja de poner nuevos trozos de piel en los anzuelos.
Pero las pirañas, como peces fantasma,
continúan, una y otra vez, llevándose los cebos.

Debe de ser por las pieles, pienso, pero no diré nada.
(Ver la paja en el ojo ajeno
nos impide ver que el iris es un nenúfar).

Desde otra canoa nos lanzan una cuerda que nos libera,
pero, minutos después, volvemos a caer atrapados
en las mismas plantas acuáticas:

sin querer hemos terminado en la red
a la que nos han traído las pirañas.

¿Son esos poemas que se tragan las palabras,
esos que nunca emergen,
los que terminan atrapándonos para hacernos ver?

Antes de marcharnos,
una piraña salta al bote: como algunos poemas
prefiere dar coletazos en el vacío
que naufragar en el papel.

Algunos peces deberían dar conferencias.

PASOS EN FALSO


¿La edad nos obliga a reinventar el pasado?
Solo sé que fuimos porque se te incendió la espalda
por las «curaciones» de tu madre
–se le cayó la vela encendida sobre el alcohol
y te prendiste fuego.

Mientras esperaba, sentado, mis pies de koala
apenas llegaban al suelo.
Era tan pequeño que no sabía qué significaba ser un yo.

La sala de espera del ambulatorio
estaba llena de funambulistas
que cruzaban sobre las sondas de los enfermos.

«¡Apártense!», gritaron de repente.
Ni siquiera atiné a moverme,
como un insecto que descubre
que acaba de caer en la tela de araña. Lo vi.

Era un hombre tumbado en una camilla
con la camisa abierta.
No dejaba de vomitar,
como si estuviera dando a luz a una malagua.
Confieso que tuve miedo.

Supongo que también tú, papá.
No debe de ser fácil ver cómo se pierden las alas calcinadas,
y sentir que unos cristales rotos
te florecen en la espalda

–al intentar apagarse las llamas,
se arrojó sobre los vasos de cristal
con los que le hacían «la cura».

Poco después, uno de los médicos salió
y se dirigió a una mujer:
«No lo ha conseguido», le dijo.

Por una llamada de teléfono
supe que la rueda de un camión se había desprendido
y había golpeado al pobre hombre
que, distraído, cruzaba el paso de cebra.

La mujer se vació tanto de sí
que se hizo transparente, traslúcida,
como una malagua recién nacida.

Pasaron horas hasta que ella tuvo el valor
de bajar la sábana –empapada de saliva y miel–
para despedirse.

Fue entonces cuando la vi:
era mi infancia
con dos monedas sobre los ojos.

Esa parte de mí traicionada que ahora me busca.

Quizá porque solo llega a envejecer
una versión de nosotros:

esa a la que tanto temíamos.

Nilton Santiago (Perú) Sus últimos libros son El equipaje del ángel (Visor 2014), Las musas se han ido de copas (Visor 2015), Historia universal del etcétera (Valparaíso 2019), Miel para la boca del asno (Visor 2023) y, finalmente, Vocación de náufrago (Visor 2025). También autor del libro de crónicas Para retrasar los relojes de arena (Vallejo & Co., 2015), su obra ha merecido, entre otros, un accésit en el Premio Adonáis, el Premio Tiflos de Poesía, el Premio Casa de América, el Premio Emilio Alarcos de Poesía del Principado de Asturias y el Premio Ciutat de València—Juan Gil-Albert.

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