No es casual que Kadiri Vaquer Fernández abra  “Si no vuelve el verano” (Buenos Aires Poetry, 2026) con una cita de Clarice Lispector: «Escribo como si fuera para salvar la vida de alguien. Probablemente la mía propia». Un epígrafe que funciona como una poética del libro entero: la escritura como medio para salvar tu vida a través de la de los demás.

Desde los primeros poemas, nos vemos emplazados en un territorio donde la lengua aparece amenazada. «Cuando nos quedemos sin palabras», escribe, apenas quedarán «garabatos» destinados a un «intérprete futuro», mientras la guerra clausura los pozos, dispersa a los niños y convierte la memoria en ceniza. Toda experiencia humana está expuesta a la desaparición y de que el poema constituye, quizá, el último refugio frente al olvido.

Este poemario propone un viaje cuyos primeros pasos, están señalados por el desplazamiento, la frontera, el exilio y la pérdida. La primera parada gira hacia la gestación y el nacimiento de una hija, el viaje del cuerpo hacia la vida. El último tránsito hace convivir la ternura doméstica con las imágenes de la guerra y la devastación del mundo. No se trata de tres bloques independientes, sino de un mismo movimiento: desde la experiencia de la intemperie hasta la construcción de un espacio donde todavía sea posible habitar.

La memoria, la identidad, el desplazamiento, la experiencia familiar, aparecen organizados alrededor de una idea tan poderosa como la del cuidado. Cuidar significa proteger una lengua heredada, conservar una genealogía migrante, acompañar el crecimiento de una hija, sostener una casa, nombrar el mundo antes de que desaparezca e incluso escribir cuando las palabras parecen insuficientes. El cuidado deja de ser una práctica doméstica para convertirse en una forma de resistencia.

En los últimos años, numerosos libros han desplazado el centro del poema desde la representación del yo hacia la exploración de los vínculos que hacen posible la existencia: la familia, el cuerpo, la herencia, el territorio o la maternidad. Sin embargo, cada autora ha desarrollado ese desplazamiento desde una sensibilidad distinta. Por ejemplo, en Historia de la leche (Candaya, 2020), Mónica Ojeda convierte la genealogía femenina en un espacio donde confluyen violencia, deseo y transmisión corporal. El cuerpo materno aparece atravesado por fuerzas contradictorias, incapaz de ofrecer una identidad estable. Frente a esa poética de la fractura, Kadiri Vaquer se interesa menos por la ruptura que por la reconstrucción. También aquí la maternidad supone una experiencia transformadora, pero el centro del libro no es la herida del cuerpo, sino la posibilidad de levantar un lugar habitable para quien llega. Algo más similar a lo que propone Andrea López Montero en La dulzura del ornitorrinco (Piezas Azules, 2024), el que la creación de la vida va más allá del mero hecho de gestar. Al igual que en el poemario de López Montero que con menos surrealismo,  Kadiri Vaquer desplaza el conflicto hacia la responsabilidad del cuidado. El parto no aparece como un acontecimiento mítico, sino como una escena profundamente física, donde la fragilidad convive con la aparición de una nueva vida. «Yo me volví / un árbol preñado», escribe, antes de recordar el «forcejeo» de las manos que extraen a la niña de «tu primer lugar».

Si en el libro de Mónica Ojeda, el elemento principal es la leche, algo semejante ocurre con el poemario de Leire Bilbao, Aguas madres (La Bella Varsovia, 2023) y el de Pilar Cámara, Morfología de la Sangre (Ed. Cántico, 2022) donde lo líquido, el agua y la sangre respectivamente, articulan ambos poemarios. En ambos, el elemento líquido remite al origen, a la gestación y a una memoria casi mineral de la lengua. En Si no vuelve el verano, por el contrario, el agua adopta la forma del océano, de los puentes, de las islas y de los desplazamientos. No es únicamente un símbolo del nacimiento, sino también de la migración y de la identidad transatlántica. Sangre, leche, agua para narrar la maternidad, sin embargo, en “Si no vuelve el verano” lo que fluye son las personas y las lenguas, un flujo migratorio, cuatro idiomas maternos donde el bebé aparece como «el nexo entre dos siglos, dos continentes, tres países, un archipiélago, cuatro lenguas y dos inmigrantes» mostrando un concepto de la identidad donde la pertenencia deja de definirse por la pureza del origen para hacerlo por la multiplicidad de los vínculos en distintos planos.

Las imágenes de la casa atraviesan todo el poemario: aparecen viviendas reales e imaginadas, puentes, habitaciones, ventanas, jardines, cunas, techos, fronteras y refugios. Cada una de esas construcciones responde a una misma necesidad: encontrar una forma de permanencia en un mundo donde todo parece sometido al desplazamiento.

«Dibujo una casa / dos ventanas abiertas / un jardín sin columpio / y una cuna / para los pájaros»

«Borro la casa y dibujo un puente.»

 «el futuro / es siempre una hipótesis / ineludible».

La casa como una posibilidad siempre provisional. Para Kadiri, habitar significa aceptar la incertidumbre sin renunciar al deseo de construir. La casa de la infancia ya no puede recuperarse; el territorio de origen permanece atravesado por la emigración, por las lenguas heredadas y por una historia que impide cualquier ilusión de retorno. el regreso siempre es una ficción.

«Regresas / a la casa de tus memorias / pero ya no es más / que una galería / de días remotos»,

La frontera constituye uno de los grandes símbolos del libro. No es únicamente un límite geográfico, sino una forma de experiencia.

«Este surco / pudo haber sido / un estrecho»

Las fronteras no organizan únicamente los mapas, sino también los afectos, las lenguas y las biografías.

Quizás no se puede entender este poemario sin la convivencia, en el desplazamiento, de varias lenguas dentro del mismo tejido verbal. Español, portugués y gallego aparecen con absoluta naturalidad, no como una exhibición cultural ni como un gesto de cosmopolitismo, sino como la expresión de una identidad plural. En uno de los poemas más hermosos del libro, las palabras «lumbre», «lareira», «lume», «fogueira» y «fogo» se suceden para que cada lengua ofrezca un matiz distinto. Más adelante, la hija aprenderá a nombrar el mundo alternando «mesa», «búho», «grama», «coruxa» o «estrella», hasta que la madre comprenda que el deseo consiste precisamente en «procurar la palabra exacta».

Si no vuelve el verano

KADIRI J. VAQUER FERNÁNDEZ

Buenos Aires Poetry, 2026

80 pp.;

13,34 cm x 20,32 cm.

ISBN 9786316688316

Esta dimensión idiomática vuelve a crear pasadizos poéticos con el ya mencionado poemario de Leire Bilbao Aguas madres, donde la lengua también funciona como un lugar de pertenencia. Mientras la poeta vasca explora la memoria del euskera como un sedimento, Kadiri Vaquer convierte el lenguaje que añade vocabulario de muchas lenguas en la expresión de una genealogía migrante. La lengua deja de ser una patria para convertirse, también, en un espacio de tránsito.

Mientras la hija juega, aprende palabras, construye hospitales imaginarios para animales o inventa castillos con imanes, el mundo exterior continúa desmoronándose. Las noticias de la guerra irrumpen una y otra vez; los hospitales vuelven a llenarse de mujeres refugiadas; los niños siguen creciendo bajo el estruendo de los proyectiles.

Desde los primeros poemas hasta los últimos, Kadiri Vaquer va desmontando todas las formas tradicionales de la estabilidad: la patria, la lengua única, la casa, la memoria, el orden establecido, incluso la identidad. No encuentra una nueva patria, lengua, paz, país, un nuevo verano, sino algo que lo contiene todo. Un presente. Una hija.

Una propuesta de poesía del vínculo frente a la poesía del yo, donde la intimidad y el lenguaje no se convierten en espectáculo sino en lugar de tránsito hacia una identidad compartida y escurridiza.


Pablo Llanos Urraca

Colaborador en publicaciones literarias. Ha publicado los poemarios “Manual de Modelado de Corazones para Hombres de Hojalata” (Ed. Cuadranta, 2022) y «Palabras de paso» (Ed. Piezas Azules, 2026). Ha publicado artículos en revistas como Quimera, Culturamas, o Moon Magazine. Sus relatos han sido publicados en Orsai o Librújuja. Cocreador del magazine Irredimibles.