Fotografía: Isabel Wageman
Loredana Volpe (Caracas, 1990) es escritora, traductora y directora teatral de la compañía La Salamandra. Autora de los libros A pesar de tu santa cólera (Navona Editorial), Ejercicio de aniquilación (RIL Editores), La habitación cerrada (representada en el Festival Celsius 232 de Avilés y finalista de los Premios Ignotus 2026), Isekai: historia de un secuestro y La noche de los mundos (los tres llevados a escena y publicados por Ediciones Mutis). IV Premi Born de Residència Teatral por El Nino. Desde el 2021, colabora con el Papel Literario del diario El Nacional en Venezuela.
Experta en la obra de Ursula K. Le Guin, imparte cursos monográficos y conferencias sobre la autora, además de conducir el club de lectura de Le Guin en la Librería Gigamesh de Barcelona, que lleva cinco temporadas. También ha participado en las LeGuinCon de las dos últimas ediciones del Festival 42 de Géneros Fantásticos de Barcelona. Autora de los libros A pesar de tú santa cólera (Navona Editorial), Ejercicio de aniquilación (RIL Editores), La habitación cerrada (seleccionado en el Festival Celsius 232 de Avilés en 2025), Isekai: historia de un secuestro (I Beca Barcelona Crea) y La noche de los mundos (los tres llevados a escena y publicados por Ediciones Mutis). IV Premi Born de Residència Teatral con el espectáculo El Nino (Teatre Principal de Maó, Auditori de Ferreries y Fundación Joan Brossa). Ha publicado poemas en las revistas Zenda, Turia, Alga, Librújula, Narranación, y en diversas antologías de poesía. Desde el 2021, colabora con el Papel Literario, del diario El Nacional.
renuncia
ocupar el destierro,
habitar sagradamente el mundo.
de las formas que creíamos recordar
ser parte.
de la fascinación por los cuchillos
las ideas son como cuchillos,
que abren la carne y exploran
membranas tejidos más allá
de nuestro discernimiento.
de la fascinación por los cuchillos
comprendes, por ejemplo,
cómo un cuchillo puede abrir la carne,
partirla como una pera para extraer la semilla,
cortar la semilla, sacar la sangre,
extraer el odio de la semilla,
limpiarla por dentro
hasta crear una coraza perfectamente vacía,
y de cada intento fallido
una semilla rota,
una casa llena de cuchillos,
cuchillos en las paredes blancas
apenas salpicadas para que limpios los adentros
continúen su ejercicio.
expiar es sondar la carne para liberarla de toda herida,
para que ya abierta sea irreconocible.
primera súplica
supe de los que no tuvieron un lugar antes de mí, tantos,
como de las horas perdidas en no poder articular palabra,
no saber decir: «necesito puedo podría quiero soy un ser aquí ayuda
si alguien oye vibrar las paredes de una casa, son las lámparas los platos destrozados
los jarrones debajo de los muebles ayuda».
todo parece ajeno artificio dentro de la boca, la lengua la consciencia diluida torpe:
«ayuda nadie puede escuchar si alguien pudiera
ver más allá de las formaciones rocosas de una prisión en una calle iluminada las bicicletas
las latas de cerveza apiladas en perfecto equilibrio las flores muertas en la única ventana
y dentro el golpe queriendo significar
de tanta impotencia queriendo romperse, la mente cerrada con doble llave
como cada noche la puerta».
pido al cielo rindamos cuentas:
«ayuda
ayuda que el enemigo
acecha».
plomo
del plomo se dice que es el peor de los metales.
según los tratados alquímicos, puede conducir a la locura.
la locura son las noches.
la contaminación del metal en la mente:
«temo que lo que soy
me destruya».
hasta Isaac Newton, después de estudiar a Philalethes,
en sus intentos por convertir los metales en oro,
se expuso a los vapores venenosos
en busca de la salvación.
eso de recurrir a la salvación
parece perseguirnos:
la tierra negra se calienta hasta destruir la naturaleza antigua.
tú entenderás este deseo inherente.
cuando una vida ha sido agostada,
una tierra —y quienes la habitan—
condenada a la aniquilación,
te preguntas, vivo como estás,
cómo puedes seguir respirando,
moviéndote con el peso del plomo
tirando contra el suelo,
despeñado, en picada
hacia el fondo.
y desde allí, cómo volverás a mirar
las estrellas con los ojos limpios.
qué harás con toda esa densidad
que te impide siquiera
abrir un palmo la ventana,
buscar la luz.
de vuelta al pozo
el hombre que no tiene tiempo
ha pasado por casa otra vez.
suele estar de paso por todas las cosas.
a la hora exacta los relojes
indicaron con una precisión de ritual
que era hora de la siesta.
el hombre cae donde puede.
ahora duerme en mi cama.
lo veo dormir.
envidio esa confianza suya
de caer dormido en cualquier parte.
no tendría que estar en mi cama
mientras duerme.
el hombre está de paso,
trabaja, pero su mano está en mi rodilla.
qué haces.
nada. no hago nada,
si no quieres.
quiero.
no tendría que estar tumbada junto a él.
algo que no nos pertenece
nos atrae hacia la belleza.
el pozo es hondo,
miro dentro el agua fría, los ojos fríos
y en su orden de metales perfecto
una pulsión dirías de otro tiempo
nos empuja al centro del misterio.
quiero tocar el agua,
pero temo hundirme del todo.
pienso en volver a la cocina
donde el café y el silencio
y la luz de la tarde y nada más
que esa paz.
quiero no estar en esta cama.
el hombre se viste rápidamente.
no tiene tiempo.
digo algo.
me ha gustado besarte.
ríe. miento.
no tiene tiempo.
pasa por las cosas sin estar en ellas.
siempre pasa, sin embargo.
súplicas, quejas.
quédate. el futuro.
no tiene tiempo.
Estos poermas pertenecen al poemario:

Ejercicio de aniquilación (o tratado sobre la degradación de los metales)
Loredana Volpe
Ril Editores
Año: 2023
Páginas: 78
ISBN: 978-84-19372-38-3