ZHENG XIAOQIONG (Nanchong, Sichuan China, 1980) proviene de un entorno rural. Tras formarse como enfermera, se traslad6 a Guangdong en busca de mejores perspectivas. Allí trabajó casi una década en fabricas, expe riencia que transformó en poesía, convitrtiéndose en una de las voces más representativas de la literatura obrera migrante, Sus poemas han sido traducidos al inglés, alemán, francés, japonés, coreano, español y otros, y le han valido premios y reconocimientos en China y en el extranjero, Ha sido reconocida con el Liqunde People’s Literature (2007) y el Zhuang Chongwen (2010), Entre sus libros destacan Diario de una obrera ( Tit, 2012), Poemas del mundo vegetal ( Y- JAAW), 2011), Breve historia bersonal (1TiMt, 2009) y Montaña Huangma (黃膝山, 2006).
Los poemas que aquí se recogen han sido publicados en el libro «El rugido de la máquina» (RIL Editores, 2026) y traducidos por Isolda Morillo
Agua en el agua
el agua en el agua toma la forma del agua, nosotros, en las máquinas,
nos volvemos máquinas; el crepúsculo se convierte en el crepúsculo de la máquina
al perforar, somos perforados por la máquina; un producto defectuoso
nos revela defectuosos: nuestros movimientos,
colman las carencias de la máquina; con nuestras palabras y con la verdad
de los tornillos, construimos nuestra propia verdad, que será convertida en la ilusión
de los pedidos o las ganancias
venciendo al producto defectuoso, el verano envuelve su lengua oscura: desde la máquina
se desprende otra máquina, que sigue en marcha; de la línea de ensamblaje surgen
dedos, que regresan a mi cuerpo; del dolor volvemos al útero en pleno parto, del sueño volvemos al sueño; la máquina vive
en la pupila del tornillo; nos observamos en el espejo
en el cielo solo queda una luna solitaria; el trigo de Henan reconoce el sabor de Anhui; las fundas de casctes de Dongguan buscan
la entonación de Tokio; en la cesta, el caucho derrama lágrimas el viento prolonga el otoño; las obreras por la cresta de los tornillos, se van lejos
Canto
hierro que canta en la caldera, hierro cargado de recuerdos
sus tonos graves y agudos. vida dolorida e intensa
su dialecto se mezcla con las calderas de primavera y la lluvia de
otono
brillo rojizo, consume poco a poco la vida
Ia extingue, aquella joven, sentada junto al horno
canta mientras ve al sol poniente deslizarse entre las llamas
y se pierde entre los vehículos que circulan por la zona industrial
en su vasto resplandor se encuentra mi angustia, mi mirada
distante
vel lanto desolado del hierro
mi tristeza se refuerza en el ocaso
mi canto fluye leve como un arroyo
queda un cubo de esperanza clara que vibra en la luz del fuego
Huangmaling
acomodo cuerpo y alma en esta pequeña aldea
sus huertos de lichis, sus calles, sus lineas de ensamblaje con sus diminutos asientos Ias ideas se mojan en su lluvia, una y otra vez
deposito sobre ella mis ideales, mi amor, mis bellos sueños, mi juventud
mis amantes, los sonidos, los olores, la vida
en esta tierra ajena, bajo la luz de los faroles de la calle
yo corro, empapada de lluvia y sudor, jadeante
-coloco mi vida sobre los productos de plastico, los tornillos. los clavos
en un pequeño carnet de trabajo…ah, toda mi vida
me entrego a este lugar, a esta aldea diminuta
el viento me despoja de todo
con la vejez que me queda, regreso a casa
Sonidos
Fstos sonidos que oigo, rígidos, verticales,
como un enorme martillo cavendo sobre el yunque de hierro
–pum, pum-
sollozos quedos, tristes, henchidos, opresivos
Oh. avanzamos, corremos
despacio… ihacia un destino inevitable!
Me doy vuelta y escucho estos sonidos, como trozos de hierro segados
circulares, rectangulares, en tiras… hierro que no puedo narrar
permanece en silencio, mientras nosotras lloramos, el martillo de la vida golpea
entre las llamas del horno y la luz radiante del día
veo que soy como estos hierros fundidos
poco a poco, poco a poco, pulida, segada, lentamente
convertida en un componente sin voZ, en una herramienta, un
aparato
iconvertida en esta vida silenciosa, muda, apagada!

