Antonio Cortijo nació en Madrid, ciudad en la que reside aunque no vive en ella. Exiliado voluntario, pasa la mayor parte del año en ciertas tierras del oeste peninsular delimitadas al norte por el río Tamuja y al sur por el río Búrdalo. Después de licenciarse en una disciplina absurda y sin salidas, no tuvo suficiente y se licenció en otra, aparentemente menos absurda, pero con las mismas salidas. Trabajó en diversas empresas y organismos con resultados siempre insatisfactorios, tanto para la empresa u organismo como para él mismo, hasta que dejó de ser considerado como un elemento útil. Actualmente vive del aire.
En 2021 ganó el VIII Premio Internacional José Bergamín de Aforismos con el libro Envasado al vacío, publicado en la editorial granadina Cuadernos del Vigía. En 2022 publicó su primera novela, Las penúltimas montañas, en la Editorial Regional de Extremadura.
Antonio Cortijo acaba de publicar «Autocontrarretrato» un libro raro que reúne
Hasta sus estornudos eran autobiográficos. La gente, con el paso del tiempo y la adquisición de co-nocimientos, iba formándose un criterio. A él le ocurría lo contrario. Soñaba con escribir un poema sin ningún verso. Odiaba los versos. Buscaba la armonía a través de estados alterados. Observaba con desgana y cierta aprensión el entusiasmo de los demás. La gente normal le parecía rara. Dejaba el teléfono cerca por si no le llamaban. Empezaba a tener una edad geológica. Era metódico en empeñarse en esfuerzos sin recompensa. Incluso si lo veía, seguía sin creer. No sabía por dónde se andaba. Pero andaba. Lo último que hiciera sería, en realidad, lo penúltimo. La contemplación de la otra orilla le resultaba siempre evocadora, acaso porque él no estaba en ella. Iba a echar de menos este desastre.
Vivía permanentemente en el intervalo de dos fracasos. Le gustaba dar patadas a un balón en los campos de fútbol abandonados. Se agarró a un clavo ardiendo, pero no estaba lo suficientemente caliente. Perdía el tiempo que ganaba. Ganaba el tiempo que perdía. Vivía a las afueras de ningún sitio. Improvisaba sus sentimientos. Permanecía atento siempre a otra cosa. Consideraba una quimera tener una vida propia. Caminaba erguido, aunque aún no sabía a qué atenerse. Dormía la siesta antes de comer. Cuando se miraba en el espejo no podía evitar hacer alguna mueca para comprobar que era él. O que los espejos seguían funcionando. No se desconocía lo suficiente. Se quedaba embobado mirando la previsible coreografía de los limpiaparabrisas.

Autocontrarretrato
Antonio Cortijo
Ed. Piezas azules
Año: 2026
Número de páginas: 84
Fotografías del interior: Antonio Cortijo
Ilustradora: Paula García del Olmo
ISBN: 979-13-991643-1-2
Había una distancia insalvable que lo sepa- raba de lo que tenía más cerca. Cerró la puerta de una nabitación vacía. Dentro seguía habiendo alguien. Su escala de valores tenía los peldaños desgastados. No podía escapar de lo que no había sido.Se pasó la vida apaciguando el vértigo. Intentaba mantener un orden y era el caos quien le terminaba dando la razón. Siempre andaba por los alrededores. Sus buenos tiempos fueror aquellos que no fueron tan buenos. Cuando consiguió por fin, lo que más deseaba, se dio cuenta de que no era eso lo que más debía haber deseado. Repetía la varia- ción. variaba la repetición. Los tesoros que conservaré hasta el final: una esqu.irla y una tribulación. Escuchaba las miradas. Mascaba tierra para ir haciéndose a la idea. Entre tanto, mendigaba la gracia
