Por Marisol Moreno

Primera parada

La imagen elegida como portada del libro. 

Permitidme que dé la vuelta a la imagen para reconocer un paisaje que tenga sentido porque la imagen me hacía sentir inquietud.

Voy a pensar: los ojos que me informan de la realidad en la que vivo, gracias a sus retinas, proyectan la imagen al revés… como en un espejo. ¿Puede ser una metáfora para hablar de Lacan y su estadio del espejo y la imagen del yo y la construcción de un cuerpo y la dificultad de encajar esto con el lenguaje, que ni siquiera tiene un órgano donde ubicarlo? Las limaduras del decir, están dadas la vuelta porque es lo que se ha caído del lenguaje, el sobrante. Dice el autor en su Exordio que son el excedente que no puede captarse directamente por el sentido y cae del lado del ritmo y de la paradoja. Bueno, visto así, para mí esto ya va teniendo sentido, pero para encontrarlo he tenido que darle muchas vueltas. La editorial EOLAS ya nos había avisado que aquí hay mucha tela que rascar.


Segunda parada: Una cita de Maurice Blanchot.

<<Peligro de que el desastre adquiera sentido

en lugar de adquirir cuerpo>>

Mi interpretación:

Siento que el autor está dándonos una advertencia con esta cita: es mucho peor justificar el horror (o el desastre), acostumbrarnos a él, normalizarlo que situarlo, delimitarlo en un espacio (en un cuerpo), con un dentro y un fuera. Si el horror se normaliza, lo ocupa todo, no hay manera de salir de ahí y además, nos resignamos a él. De ahí, la importancia del extrañamiento, del asombro.


Tercera Parada:

El índice del poemario.

El índice ya es un bellísimo poema y de cada verso nace un poema. 

Son Versos-madre, versos de piel desnuda. 

Versos-padre, distancia y silencio. 

El cuerpo está parasitado por el lenguaje.

Como poema que es, no me atrevo a cortarlo, escribo el índice entero, si al autor no le parece mal.

observo

el tiempo del cuerpo

mientras los dioses

bailan

con temblor

escribo un secreto

un agujero en la voz

en el viento

y hago extracciones

del cañaveral de gusano

para aquellos que se miran

sostengo un vaso vacío

el padre es la distancia

cuando hay un borde

aquello que hago

es sobre el grano del sonido

soy textura

me dices que escriba

y apenas alcanzo

a separar mis manos

en tres horas y veintitrés minutos

observo la limadura de pájaros imantada

la tristeza

es de harapos de sal

en los ojos que saborean   

las manos

áfona es la lengua

no hay nadie en la voz

¿y si la palabra estuviera hueca?

tiendo la ropa

en palmeras verticales que están vestidas

hiervo la patata

cuando el cristal se vuelve

sombra

no puedo hablarte del amor

porque el tiempo no es metal

miro

existe un lugar

soy ser de lenguaje

y estoy sentado

en la quietud

es finales de invierno

para escribir la mano:

con la pasión de un gusano  

continúo

Iván Navarro Lluesma (el autor) como buen Lacaniano desconfía del lenguaje por ser tan arbitrario, tan imperfecto y tan cruel por haberle hecho humano. El lenguaje le aleja de lo inmediato.

  Como buen poeta, sueña con ser un gusano de cañaveral que desfolia las hojas pero respeta su nervadura central.

Como buen humano, crea su mundo a través del nudo gordiano de Lacan donde lo imaginario (la madre, la imagen, lo fusional, la piel desnuda), lo simbólico (la palabra, el padre, lo discontinuo, la distancia, la ley, el no) y lo real (lo que nunca tiene sentido, el desastre, lo insoportable) conforman la realidad, el mundo donde vive el humano. Red de significantes que se entrelazan entre sí para dar nuevos significantes. Hay que cortar por lo sano.

Como buen humano, crea su mundo a través del nudo gordiano de Lacan donde lo imaginario (la madre, la imagen, lo fusional, la piel desnuda), lo simbólico (la palabra, el padre, lo discontinuo, la distancia, la ley, el no) y lo real (lo que nunca tiene sentido, el desastre, lo insoportable) conforman la realidad, el mundo donde vive el humano. Red de significantes que se entrelazan entre sí para dar nuevos significantes. Hay que cortar por lo sano.

Ante la angustia de enfrentarse a la propia escritura, las palabras desaparecen y se convierten en silencio, o aparecen vacías, huecas a la intemperie para que el viento entre y salga por ellas y produzca sonidos distintos, texturas, vibraciones y de nuevo, silencios.

Si la palabra fuera una naranja, Iván Navarro sería un murciélago frugívoro, capaz de hacer un pequeño agujero y extraer todo el néctar dejando la naranja hueca colgada del árbol.  El poema-índice sería entonces el naranjo convertido en un árbol de navidad valenciano, con aroma a dulce cítrico, que esparce sus semillas dando a luz otros poemas.


Marisol Moreno Beteta

Jugadora de ping pong entre las ciencias y las letras. Ingeniera Técnica en Informática de Gestión (UCM) y licenciada en Estudios de Asia Oriental, con la especialidad en China (UAM). Fuentetaja y Escuela de Escritores han sido también lugares donde he habitado y he aprendido mucho. Irredimibles es un refugio en el que me gusta estar, crear, creer, crecer, compartir, sentir, vivir.