La escritora Emma Prieto nos cuenta cada mes qué libros le han parecido sugerentes

Hombres con un diente de leche es un sorprendente poemario en el que su autor, Luis Díez, reflexiona sobre los conflictos con las figuras masculinas – será todavía posible aprender a hablar y moverse como los hombres? a temer solo a la lluvia?– la relación entre padres e hijos y  el campo siempre de   de telón de fondo (ya desde la portada lo llena todo) con lo que significa de duro trabajo, lejos de idealizaciones: esperan de ti que no calcules cuantos años te quedan de planear la siembra de recoger la cosecha

Díaz no escribe títulos en sus poemas (tan sólo lo llevan dos), ni mayúsculas, ni signos de puntuación: todos se leen como parte de una historia, una vida dura atada a las tareas del campo (con profunda tristeza, sin embargo, cuando este es sustituido por bloques de hormigón), a las exigencias y afectos familiares de unos hombres que conservan un diente de leche como ese reducto de la infancia que nadie deberíamos olvidar.


En Reyes de Ítaca, Castro Lago se atreve a actualizar la Odisea y escribe una nueva versión donde Penélope y Telémaco, con sus inquietudes, dudas y temores, se convierten en los auténticos protagonistas.
El autor con maestría y un cuidadísimo lenguaje, consigue crear una melodía de épica griega a través de una perfecta estructura en la que todo encaja. Dividida en veinticuatro capítulos, cada uno de ellos lleva las letras del alfabeto griego y cada capítulo se divide en tres partes que empiezan todos con la misma frase lo que proporciona un ritmo, una música como de coro griego. Cada uno de los personajes queda identificado (como hacían los aedos) con un epíteto épico: Laertes, el que no tiene enemigos; Meledígenes, el de la mirada lejana, loque reviste a la novela de un halo poético.
El narrador  se dirige con naturalidad al lector – permíteme lector- y hasta le pide disculpas cuando lo considera necesario.
Castro Lago ha construido una novela en la que opta por la humanidad de los personajes antes que la épica del relato y aborda temas siempre presentes en su literatura:  los secretos y la memoria, el deseo y la búsqueda de uno mismo.


Palabras de paso contiene mucho más que espléndidos poemas: acompañados por las bellísimas y sugerentes ilustraciones de Carmen Hurtado- cuesta pensar que no son fotografías- y con la cuidadosa edición de Piezas azules, -detallista al máximo incluso con una nota informativa de una de sus editoras comentando el proceso de edición-, funciona como un artefacto artístico. El poemario está dividido en cuatro partes, Documento de identidad, Lenguajes de paso, palabras de paso y código genético y una novedosa bibliografía que funciona como un poema más, precedidas por un inteligente prólogo de Jesús Aguado en el que resalta que la poesía de Llanos desbarata creencias y rigideces.
A pesar de que ya desde su título el poeta hace referencia a un lenguaje en tránsito, las palabras de Pablo Llanos han llegado para quedarse. Asombrados, somos testigos de la disolución de yo en muchos yoes que bostezan documentos de Word . años y planes, haces de luz… de la reinvención y cuestionamiento del lenguaje (para lo que Llanos se vale de distintos recursos sintácticos, fonéticos, morfológicos, semánticos…): laberintizar los atajos, libelularizar los drones, bibliotecalizar los gimnasios…  y también: Remendar el lenguaje como saben / las madres, metiendo la noche / en lejía hasta dejarla blanca. No renuncia el autor a la conciencia   social ni a la ironía- escribe: justicia social, tender la mano/ y habrás perdido lectores– tampoco a la emocionante reflexión sobre la paternidad   –Libros umbilicales. Renacerán contigo– pero sobre todo mantiene con su poesía la posibilidad del juego (un guiño, tal vez,  a Cortázar)  que, como dice la nota final, nos hace humanos.


 Recoge este nuevo libro de Ovidio Parades, Frances Farmer no murió en Seattle, veinticuatro relatos protagonizados por mujeres de distintas edades y condiciones (cada relato lleva por título el nombre de una de ellas) todas al borde del abismo y la asfixia, sobre las que sobrevuela la brillante y dolorosa imagen de la actriz Frances Farmer. Las historias, dialogan entre sí, se cruzan unas con otras, formando un puzzle donde lo individual y colectivo se funden.
Parades acierta al poner su mirada-siempre lúcida- sobre lo cotidiano donde recoge el dolor, la incomunicación, la soledad, el desamor, los proyectos y las ilusiones frustradas que sus protagonistas encuentran en el camino entre la vida y la muerte, mostrándonos que lo excepcional se encuentra en los pequeños detalles, siempre que estemos atentos para captarlo.  Todo ello, como el autor nos tiene acostumbrados, acompañado de múltiples referencias musicales y cinematográficas.
Y es que son, sin duda, Mujeres bajo la influencia como la magnífica película de John Cassavetes.


Javier Morales  nos ofrece en Mientras quede una rosa,  un libro híbrido sobre la figura de John Berger  en el que se funden con perfección las biografías, el relato periodístico, la literatura,  el ensayo, la  pintura  el cuaderno de viajes, la naturaleza. El autor sigue la pista de John Berguer, visita y conversa con personas muy cercanas afectiva o artísticamente a él, como Manuel Rivas (que escribe  un precioso prólogo), Marisa Camino, Pilar Vázquez, Fernández Rocafort o Isabel Coixet (…) que nos van revelando su herencia cultural,  ética y estética.

Al poner la mirada sobre  Berger, Morales consigue a través de una escritura  reflexiva y porosa – de espíritu bergueriano-, donde se filtra su visión del mundo, tejer las tan necesarias redes de resistencia  y generar a su vez espacios con la palabra que se enmancipa, que cruza fronteras, que emigra: La escritura es siempre emigrante. Para narrar, hay que deshacerse del ego y  habitar la vida de otras personas, imaginarias o reales. Comprobamos en  las páginas de este libro-en el que la biografía del propio autor se inserta en la del biografiado- que la herencia de Berguer está más viva que nunca  y también lo está, a pesar  de las sombras que nos rodean, su canto a la esperanza: Mientras quede una rosa.


Emma Prieto

Ha publicado los libros de cuentos Extravíos (2017), Escamas en la piel (2018), Mecánica Terrestre (2022) y Días de cactus y luces (2024) además de los poemarios Radiografía de ausencias (2020), Respirar Escarcha (2023) Aparece citada en el libro de Eloy Tizón Herido leve en el capítulo que el escritor dedica a la metamorfosis del cuento.

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